“Inside Out”: 2 lecciones acerca de las emociones.

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La película “Inside Out” ha sido uno de los estrenos más esperados de los últimos años. La que dicen es la obra cumbre de Pixar ha creado mucha expectación, sobre todo porque centra su foco en un tema muy de moda en la sociedad actual: las emociones. Con este tema como marco del largometraje, Pixar ha vuelto a conseguir conjugar de manera majestuosa una película entretenida para niños pero con un trasfondo muy importante para los espectadores adultos. Como explica Juan Sanguino, los creadores se olvidan por momentos de que hay niños en la sala, incluyendo escenas claramente adultas que los niños son incapaces de percibir, como si fueran ultrasonidos que sus pequeños cerebros ignoran. Grandes lecciones enmascaradas con escenas que entretienen a los pequeños y hacen reflexionar a los mayores.

Sin embargo, la película también ha recibido algunas críticas desde el ámbito de la psicología por no haber sido del todo rigurosos en cuanto a lo que la ciencia ha descubierto sobre las emociones. La película contó con dos asesores de gran prestigio como son Dacher Keltner y Paul Ekman. La aparición en la red de propuestas sin ninguna base teórica ni empírica de la combinación de las 5 emociones básicas que aparecen en la película (ver imagen inferior) han sido argumento para este grupo crítico.

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Pese a todo, la mayoría de expertos tanto del mundo del cine como del ámbito de la psicología encumbran esta película como una fuente de enseñanza del papel de las emociones en nuestra vida. Yo he seleccionado 2 conceptos muy importantes que “Inside Out” ha sabido mostrar con una sencillez asombrosa:

1. El papel de las emociones en el aprendizaje

Tal y como reza el subtítulo del libro “Neuroeducación”, de Francisco Mora, solo se puede aprender aquello que se ama. Y cuando Mora habla de amor no se refiere al sentimiento pasional entre una pareja, sino a las emociones. En opinión del autor, la curiosidad es la premisa necesaria para que exista el aprendizaje y ésta solo puede producirse con estímulos que provoquen emociones en aquel que tenemos delante. La curiosidad activa la atención, y la atención permite que haya almacenamiento en la memoria a largo plazo y, por tanto, aprendizaje. En su libro propone un ejemplo:

“Si mientras un profesor de Primaria está impartiendo una lección magistral, una jirafa entrase por la puerta y se colocara detrás del docente, absolutamente todos los niños del aula mirarían a la jirafa. Y esto es así porque el animal representa un estímulo novedoso, no esperado y sobre todo diferente. Las emociones que genera la aparición de la jirafa es lo que va a hacer que ese niño recuerde para siempre el día que una jirafa entró en clase, aunque no recuerde lo que el profesor estaba explicando aquel día. El objetivo del docente debe ser conseguir que cada clase sea como una jirafa para los niños que tiene delante”.

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En “Inside Out” podemos observar cómo cada recuerdo que aparece en forma de bolita en la cabeza de Riley tiene un color distinto en función de la emoción que haya provocado el recuerdo. Esto demuestra que no solo las emociones positivas provocan el aprendizaje, sino que una situación que activa una emoción negativa también va a producir un recuerdo a largo plazo.

2. Las emociones negativas también son importantes

Sin querer hacer “spoiler”, lo cierto es que la idea de que las emociones negativas son esenciales para sobrevivir se repite a lo largo de toda la película. El objetivo a perseguir por tanto no es rechazar ni esconder esas emociones negativas, sino aceptarlas como un fenómeno que tiene sentido para la persona. Este fenómeno de entender que todas las respuestas emociones tienen sentido y son entendibles dentro del contexto de cada persona es conocido como “Validación emocional”.

La terapia dialéctico-comportamental de Marsha Linehan (la cual tiene una historia personal apasionante), que se centra sobre todo en el tratamiento de pacientes con Trastorno Límite de Personalidad, utiliza esta técnica con el objetivo de que las personas no intenten castigarse por sentir una emoción negativa, ya que normalmente éstas son castigadas a nivel social y por eso se tiende a reprimirlas, aunque pueda ser perjudicial para aquel que la experimenta.

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El argumento de la película desemboca en el entendimiento de que la emoción de la tristeza es en muchas ocasiones la causa de situaciones que, a la postre, van a producir emociones positivas. Tal y como plantea Carmen Luciano, una de las mayores expertas de la Terapia de Aceptación y Compromiso en España, “Quien no está dispuesto a sentir y aceptar el dolor poco a poco irá perdiendo la capacidad para experimentar felicidad y alegría”.

CONCLUSIÓN

“Inside Out” ha conseguido realizar un largometraje para todos los públicos. Pero no solo eso, sino que le da a cada público una cosa distinta con el mismo material audiovisual. Creo que este es el logro más importante de Pixar, haber aunado una película excepcional a nivel gráfico y de humor con un trasfondo tan duro como es el ámbito emocional. El mensaje que quiere lanzar la película a ese público adulto que busca algo más que una experiencia visual podría resumirse en la siguiente frase: Las emociones tanto positivas como negativas son las responsables de nuestro aprendizaje, pero sin alguna de ellas no conseguiríamos un desarrollo pleno.

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“Inside Out”: 2 lecciones acerca de las emociones.

El entrenamiento computerizado para mejorar la atención en el TDAH

Mucho se ha escrito ya sobre el TDAH, pero mucho más queda por escribirse todavía. La prevalencia de este trastorno se ha disparado, lo que ha hecho que el volumen de investigaciones al respecto también haya crecido a la par. Lo que está claro es que los síntomas a nivel ejecutivo que sufren estos niños tienen consecuencias en casi todos los ámbitos, como el escolar, el social, el emocional, etc. En relación con esto, hoy ha sido publicado un estudio dirigido por mí llamado “Eficacia de una intervención computerizada para mejorar la atención en un niño con TDAH” en la Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes. Esto me hace muy feliz por varias cosas. La primera, porque esta revista está coordinada por uno de mis profesores de la universidad, como es José Pedro Espada, todo un referente en el ámbito de la investigación en psicología infantil. La segunda, porque mi artículo aparece publicado en un monográfico dedicado exclusivamente al TDAH, junto a trabajos de personas tan importantes en el campo de la psicología como Mateu Servera. Y en tercer lugar, porque los resultados de mi estudio demuestran la eficacia del soporte informatizado como medio para aplicar rehabilitación cognitiva, más concretamente en el ámbito atencional. Además, en la línea de otros estudios, otras áreas como la lectoescritura también se ha visto mejorada de manera positiva con esta intervención.

Tan importantes son los avances a nivel tecnológico como el apoyo empírico de la investigación les dé. Hoy en día, nos encontramos con multitud de programas, webs y aplicaciones que prometen ser efectivos a la hora de conseguir que los niños se concentren más, lean mejor, etc. Pero solo el método científico es capaz de determinar si estos instrumentos realmente son efectivos o no, por lo que realizar publicaciones que avalen la eficacia de programas de intervención resulta clave para desarrollar intervenciones basadas en evidencia. El programa Fíjate y Concéntrate Más ya había demostrado ser eficaz en alguna publicación como ésta, pero su impacto en la lectoescritura parecía deberse a otros componentes del programa, sin embargo en este estudio se observa que el entrenamiento atencional por sí solo ya produce mejoras en lectura y en escritura. Aquí os dejo el enlace al monográfico de TDAH, y si pincháis en la foto de abajo, podréis descargar mi artículo de manera íntegra.

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El entrenamiento computerizado para mejorar la atención en el TDAH

Las 4 funciones ejecutivas dañadas en el TDAH

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El Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDAH) ha sido históricamente un trastorno muy complejo y controvertido. A la falta de un marcador biológico claro, se le une una falta de fiabilidad en los protocolos de evaluación (y por tanto de los criterios diagnósticos) y un crisol de síntomas que empapan casi todas las áreas de la vida del niño. Si además tenemos en cuenta su alta prevalencia (5% de la población infantil según el DSM-V), los esfuerzos por alcanzar una base teórica consistente están más que justificados.

En este sentido, el modelo de las funciones ejecutivas de Russell Barkley (1997) cambia totalmente el enfoque del TDAH y se desvía de los 3 síntomas clásicos (inatención, hiperactividad e impulsividad) para identificar en un mal funcionamiento de la corteza prefrontal la causa de lo que el autor denomina “déficit en la inhibición conductual”.

¿Qué es la inhibición conductual?

La inhibición conductual es definida por Barkley como la capacidad del niño para frenar las respuestas motoras y emocionales que se producen inmediatamente después de la presentación de un estímulo para sustituirlas por otras más adecuadas. En definitiva, el niño debe inhibir por un lado la ejecución de la respuesta impulsiva y evitar por otro los estímulos internos o externos que puedan interferir en dicho proceso (Orjales, 2000). En el espacio de tiempo que existe entre la inhibición de la primera respuesta y la segunda, se ponen en marcha las funciones ejecutivas, que ayudan al individuo a resistir distracciones, fijarse nuevas metas y hacer todo lo necesario por alcanzarlas. Las 4 funciones ejecutivas que Barkley considera alteradas en el TDAH son la memoria de trabajo, el habla autodirigida, el control de la motivación, las emociones y el estado de alerta y el proceso de reconstitución.

1. MEMORIA DE TRABAJO

La memoria de trabajo es la que retiene la información para su utilización una vez que el estímulo ya no está presente. La falta de inhibición provoca que no puedan proteger esta información de la distracción, por tanto ésta es mucho más volátil. En consecuencia, el niño con TDAH es menos capaz de aprender por imitación o de utilizar información almacenada en el pasado para resolver problemas presentes. Además, todo aquello relacionado con el tiempo como la organización, la percepción del paso del tiempo, etc. también queda alterado.

Estos problemas se verán reflejados en problemas a la hora de manejar los tiempos de trabajo en la escuela o en casa, en la incapacidad de repetir algo recién aprendido o repetido por la profesora y dificultades en el área de las matemáticas por olvidar el signo, las llevadas o los datos del problema

2. HABLA AUTODIRIGIDA

Las autoverbalizaciones son consideradas una herramienta muy potente para regular el comportamiento de los niños desde que se comprobó la eficacia del Entrenamiento en Autoinstrucciones de Meichenbaum (Meichenbaum y Goodman, 1971). Esta conversación interna permite a los niños guiar su conducta en base a reglas y perseverar de cara a conseguir metas.

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El déficit que poseen los niños con TDAH en esta área no se basa en la inexistencia de este habla autodirigida, más bien el problema es que sus verbalizaciones son de carácter emocional (“qué rollo”, “qué cansado estoy”, “soy incapaz de hacer esto”) en vez de estar dirigidas a la acción (“ahora debo hacer esto”, “debo llevar cuidado para no equivocarme”, “ahora voy a repasar para comprobar que todo está correcto”), además de que suelen ser verbalizaciones externas o en voz alta en vez de encubiertas o en voz baja. Esto provoca que realicen las tareas de una manera impulsiva y poco planificada, que no se autoevalúen durante la ejecución, que no realicen repasos para encontrar errores o que no sepan auto-reforzarse tras un trabajo bien hecho.

3. CONTROL DE LA MOTIVACIÓN, LAS EMOCIONES Y EL ESTADO DE ALERTA

Identificar y regular las reacciones emocionales facilita la obtención de metas, ya que se podrían bloquear las emociones negativas para el desempeño de la tarea (ira, frustración, aburrimiento) y potenciar las positivas (optimismo, energía, percepción de capacidad). La incapacidad que tienen los niños con TDAH para generar emociones que motiven la acción provoca que dependan en gran medida de reforzadores extrínsecos e inmediatos que les ayuden a perseverar en su objetivo.

Un déficit de esta función provoca explosiones emocionales en el niño, además de una baja tolerancia a la frustración al no saber manejar las emociones negativas. La consecuencia de todo esto pueden ser problemas de conducta asociados a la no aceptación de un “no” o la poca capacidad de perseverar en tareas relacionadas con objetivos a largo plazo (por ejemplo: estudiar para un examen dentro de un mes o comenzar un trabajo que se entrega en dos semanas).

4. PROCESO DE RECONSTITUCIÓN

Los niños con TDAH tienen muchos problemas a la hora de analizar y dividir las conductas observadas en partes pequeñas para poder recombinarlas y diseñar acciones o soluciones nuevas. Esto hace que no sean capaces de generalizar una estrategia aprendida para otros contextos similares.

Esto tiene impacto en el día a día del niño a la hora de encontrarse con situaciones nuevas en las que tiene que aportar nuevas soluciones, ya sean situaciones sociales, académicas o familiares. En el ámbito académico, por ejemplo, será complicado que el niño aplique conocimientos teóricos instalados en su mente a un ambiente práctico (puede saberse las reglas de ortografía de memoria, pero seguir escribiendo mal).

Conclusión

El enfoque multidisciplinar es el recomendado por las guías clínicas para manejar el TDAH de una manera más efectiva. La combinación de tratamiento farmacológico, psicológico y psicopedagógico es la herramienta más potente para aliviar los síntomas del trastorno, unido al entrenamiento parental para manejar problemas de conducta en el hogar. Sin embargo, los nuevos hallazgos ponen sobre la mesa la necesidad de incluir una nueva intervención como es la neuropsicológica o neurocognitiva. Lo que parece claro es que no nos podemos quedar únicamente en resolver aquellos problemas “visibles” que tiene el niño, sino que debemos aprovechar la plasticidad del cerebro infantil para mejorar las funciones de la corteza prefrontal para que, consecuentemente, se reduzcan los problemas del resto de áreas.

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. DSM-V. Washington, D.C.: American Psychiatric Association.

Barkley, R.A. (1997). ADHD and The Nature of Self-Control. New York: Guildford Press.

Orjales, I. (2000). Déficit de atención e hiperactividad: el modelo híbrido de las funciones ejecutivas de Barkley. Revista Complutense de Educación, 11(1), 71-84.

Las 4 funciones ejecutivas dañadas en el TDAH

4 técnicas para reducir la impulsividad en niños (con o sin TDAH)

Si se hiciera un sondeo entre las personas involucradas en el sistema educativo acerca de los problemas más prevalentes en las aulas, la falta de autocontrol sería sin duda uno de los más señalados. Al aumento de la prevalencia del TDAH en población infantil (considerada casi como una “epidemia”), cada vez más y más niños presentan problemas de impulsividad, a nivel tanto conductual como cognitivo.

La impulsividad-reflexividad es considerado un estilo cognitivo, es decir, es un modo habitual de procesar la información por parte de los sujetos. Este estilo está compuesto por dos variables:

  1. Latencia de respuesta: Se refiere al período de tiempo que tarda el sujeto en emitir una respuesta tras la presentación de un estímulo.
  2. Exactitud de la respuesta: Si la respuesta emitida por el sujeto es correcta o no.

impulsividadComo se observa en la imagen, los sujetos impulsivos son aquellos cuya latencia de respuesta es baja y sus errores, altos. Esto tiene una implicación importante en el aspecto educativo, ya que el rendimiento académico, la atención o el autocontrol están influidas negativamente por este estilo cognitivo. Además, se ha encontrado relación entre la impulsividad y otros problemas como son el uso de alcohol o el abuso de internet, comorbilidades que suelen darse muy frecuentemente en niños con TDAH.

Dada la importancia de potenciar un estilo reflexivo en los niños, se han creado algunos programas para conseguirlo. El primero y más conocido es el PIAAR (Gargallo, 1993), un programa educativo que entrena a los niños en habilidades para mejorar tanto la reflexividad como la capacidad atencional. Este programa utiliza 4 técnicas a lo largo de las sesiones de las que consta (21 sesiones el PIAAR-1, y 30 el PIAAR-2):

1. Demora forzada

Se obliga a los niños a que transcurra un tiempo mínimo para responder. Es decir, si le presentamos una ficha de atención, debe indicarse que no se podrá finalizar antes de un tiempo establecido. La utilización de pistas visuales como un reloj o una alarma son de gran ayuda en este caso.

2. Scanning

El niño debe aplicar esta técnica en el momento de demora de respuesta, ya que el objetivo no es solo que tarde más, sino que utilice estrategias para contestar correctamente. El scanning, por tanto, es una secuencia de pasos que el niño debe ejecutar. En el ejemplo de una tarea de detectar, de entre un grupo de estímulos, aquel que es igual a un modelo dado, los pasos podrían ser:

  • Mirar el modelo y todas sus variantes
  • Fragmentar las variantes en partes
  • Seleccionar una parte y compararlo con respecto al modelo
  • Determinar en el modelo la forma correcta
  • Eliminar las alternativas que difieren del modelo
  • Continuar eliminando variantes hasta que solo quede uno

3. Habla interna

El uso del habla como regulador de la conducta y fuente de autocontrol es una de las principales herramientas que se utilizan para reducir la impulsividad. Las autoinstrucciones no son más que verbalizaciones que el niño se hace y que le ayudan a saber qué tiene que hacer en cada momento. El adulto debe servir de modelo al niño de cómo aplicar este lenguaje para conseguir realizar la tarea correctamente, y poco a poco el habla debe ir pasando de ser externa (en voz alta) a interna (mental). Lo que el niño deberá recitar en su cabeza serán los pasos a seguir para la resolución de problemas.

4. Resolución de problemas

Establecer una serie de pasos para resolver cualquier tarea genera en el niño un sentimiento de autoconfianza mayor, además de demorar la respuesta al tener que ir cumpliendo secuencialmente cada paso. Existen numerosas técnicas de resolución de problemas (el programa PIAAR tiene su propio sistema, que puedes descargar aquí), pero casi todas plantean las mismas preguntas que el niño debe ir contestando antes de resolver la tarea:

  • ¿Qué tengo que hacer? (Saber lo que se me pide)
  • ¿Cómo lo voy a hacer? (Diseñar un plan)
  • Autorrefuerzo (Automotivarme con frases como “Lo voy a hacer genial”, “ya puedo hacerlo”)
  • Autoevaluación (Guiar mi conducta y regularla diciéndome cosas como “Lo estoy haciendo bien”, “debo seguir concentrado para no equivocarme”)
  • Repaso (Volver a hacer la tarea mentalmente)

Sin títuloDe manera transversal, la persona encargada de aplicar el programa debe utilizar dos herramientas muy importantes. Por un lado, mediante el modelado debe mostrarle al niño la manera adecuada de realizar las tareas; esto es especialmente importante a la hora de enseñar las autoinstrucciones, donde será el adulto el que muestre qué mensajes hay que decirse y cómo pasar del lenguaje externo al interno. Por otro lado, al niño se le debe premiar todas aquellas ocasiones en las que el niño aplica las técnicas mencionadas anteriormente, sea cual sea el resultado de la tarea. El refuerzo puede ser o bien social (una palabra de ánimo, una alabanza, un abrazo,…) o bien material (un regalo, una chuchería,…). Los sistemas de economía de fichas suelen ser muy útiles en estos casos.

Conclusión

La impulsividad es un estilo cognitivo muy prevalente en los niños, y tiene un impacto muy negativo en muchas facetas de sus vidas. La eficacia del programa PIAAR está ampliamente demostrada, pero siempre bajo unas condiciones experimentales bastante rigurosas. Sin embargo, la aplicación de las técnicas que plantea de un modo mucho menos sistemático también puede ayudar a los niños a reducir su impulsividad tanto cognitiva como conductual. Aquí os dejo para descargar los manuales del PIAAR-1, PIAAR-2 y también el cuaderno de fichas 1 y 2.

Bibliografía

Gargallo, B. (1993). PIAAR. Programa De Intervención educativa para Aumentar la Atención y la Reflexividad. Madrid, TEA.

4 técnicas para reducir la impulsividad en niños (con o sin TDAH)