Cómo (no) medir la inteligencia en niños impulsivos

INTRODUCCIÓN

Cuando hablamos de que un niño es impulsivo, frecuentemente se cae en errores terminológicos que confunden y hacen que no sepamos realmente a qué nos referimos. En este post voy a referirme principalmente a la impulsividad cognitiva. La impulsividad cognitiva es un estilo de aprendizaje que se da en un número relativamente amplio de población infantil. Se caracteriza por un patrón de respuesta con una latencia baja y con un número de errores alto en situaciones de incertidumbre de respuesta, es decir, en tareas donde existen varias opciones de respuesta pero solo una es verdadera, los niños impulsivos suelen responder de manera rápida y poco exacta. Es frecuente confundir la impulsividad con otro tipo de problemas como la impulsividad manifiesta o la personológica. La impulsividad manifiesta se refiere al fenómeno que aparece en trastornos donde existe un pobre control motor por parte del sujeto (como el TDAH o los trastornos de conducta) mientras que la personológica es más un rasgo de personalidad relacionado sobre todo con el factor extraversión. La impulsividad cognitiva es simplemente la tendencia a precipitar la respuesta y a fallar más en tareas de incertidumbre, y se distingue de las dos anteriores en que no necesariamente existe una falta de control motor (como en la manifiesta) ni posee repercusiones en otros ámbitos que no sean el del aprendizaje (como en la personológica), además de que este tipo de impulsividad se da exclusivamente en población infantil. Algunos programas de reeducación pedagógica han demostrado su eficacia para reducirla, como el PIAAR.

CÓMO (NO) MEDIR LA INTELIGENCIA EN NIÑOS IMPULSIVOS

Como se puede deducir de su definición, la impulsividad cognitiva se cuantifica en base a dos variables: la latencia de respuesta y los errores. Derivado de las puntuaciones obtenidas en los tests estandarizados que miden este constructo (el más conocido es el MFF-20) se puede identificar en el evaluado un estilo reflexivo/impulsivo (en función de la latencia de respuesta) y eficaz/ineficaz (en función del número de errores).

Figura 1: Representación gráfica en cuadrantes de las puntuaciones en el MFF-20

impulsividad

El hecho de incluir una variable de rendimiento como son los aciertos/errores en la prueba ha sido raíz de muchas controversias en el ámbito científico, ya que algunos psicólogos consideraban que incluir una variable de capacidad hace que, irremediablemente, la variable inteligencia o CI tenga un peso importante en las puntuaciones. Es decir, CI y Reflexividad-Impulsividad (R-I) van a estar relacionados, lo que puede estar contaminando las puntuaciones de los tests que midan tanto una cosa como la otra. Entonces, ¿cómo medir la inteligencia en niños impulsivos?

El enfrentamiento en la revista Child Development en los años 70 y 80 entre el grupo de Block y el de Kagan acerca de la relación entre R-I y CI provocó que el número de publicaciones de este tema se multiplicaran. En resumen, estos estudios encontraban que la relación que tenían las latencias con el comportamiento y la inteligencia era insignificantes, mientras que la puntuación en los errores se podía explicar por el CI. Estos hallazgos sugerían que, si la puntuación de CI era capaz de predecir la puntuación en el MFF-20 quizás era porque las diferencias en el rendimiento de los sujetos en esta prueba no eran debidas a sus diferentes estrategias de procesamiento sino simplemente por la diferencia en el CI. Es decir, los aciertos no vendrían determinados por ser más o menos impulsivo sino por lo inteligente o no que es el sujeto. Pero afortunadamente, Messer (1976) realizó una revisión sobre R-I de la que extrajo las siguientes conclusiones:

-La correlación entre latencias del MFF y CI era bajo, aunque más alto en niños que en niñas

-La correlación entre errores del MFF y CI es moderada

-Los tests de inteligencia de contenido no verbal correlacionan más tanto con las latencias como con los errores del MFF

-Los tests de inteligencia que además de ser no verbales, permiten elegir una respuesta a partir de varias alternativas, correlacionan más con el MFF que aquellos que te obligan a dar una única respuesta

Figura 2 y 3: Algunos jemplos de ítems del test de Matrices Progresivas de Raven

RAVEN - 17

raven-progressive-matrices-test

Los hallazgos de Messer fueron determinantes, ya que lo que demostró es que el CI y R-I correlacionan solo en aquellas pruebas de inteligencia que consisten en lo mismo que el MFF: seleccionar una respuesta de entre un puñado de alternativas. No es que CI y R-I sean lo mismo, sino que la manera de medirlo en este caso “contamina” el rendimiento en pruebas de inteligencia.

CONCLUSIÓN

Los niños que presentan un patrón de impulsividad cognitiva tienen un menor rendimiento en tareas con incertidumbre en las que deben seleccionar una respuesta de entre varias alternativas. Algunas pruebas de inteligencia no verbal utilizan este mismo proceso de obtención de respuesta para medir la variable CI, como por ejemplo las Matrices Progresivas de Raven, el IGF o la parte manipulativa del K-BIT. Por tanto, se debería intentar utilizar pruebas que utilicen otros métodos de respuesta para así no obtener una puntuación CI sesgada. Lo recomendable son baterías de inteligencia amplias como el WISC o el BAS-II donde se obtienen varias puntuaciones de diversas capacidades del niño, por lo que el posible error que introduce la variable R-I queda atenuada. Por otro lado, se debería tener en cuenta las diferentes manifestaciones de la impulsividad a la hora de la evaluación de trastornos como el TDAH. Utilizar el MFF-20 como instrumento decisivo para valorar la impulsividad del trastorno conduce a un error, puesto que lo que queremos medir (impulsividad manifiesta) no es lo mismo que lo que estamos midiendo (impulsividad cognitiva). De hecho, hay más niños impulsivos que no tienen TDAH que niños con TDAH que presenten impulsividad cognitiva, ya que éstos suelen corresponderse con un patrón de respuesta lento-inexacto.

REFERENCIAS

Servera, M. y Galván, M.R. Problemas de impulsividad e inatención en el niño. Propuestas para su evaluación.

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Cómo (no) medir la inteligencia en niños impulsivos

4 técnicas para reducir la impulsividad en niños (con o sin TDAH)

Si se hiciera un sondeo entre las personas involucradas en el sistema educativo acerca de los problemas más prevalentes en las aulas, la falta de autocontrol sería sin duda uno de los más señalados. Al aumento de la prevalencia del TDAH en población infantil (considerada casi como una “epidemia”), cada vez más y más niños presentan problemas de impulsividad, a nivel tanto conductual como cognitivo.

La impulsividad-reflexividad es considerado un estilo cognitivo, es decir, es un modo habitual de procesar la información por parte de los sujetos. Este estilo está compuesto por dos variables:

  1. Latencia de respuesta: Se refiere al período de tiempo que tarda el sujeto en emitir una respuesta tras la presentación de un estímulo.
  2. Exactitud de la respuesta: Si la respuesta emitida por el sujeto es correcta o no.

impulsividadComo se observa en la imagen, los sujetos impulsivos son aquellos cuya latencia de respuesta es baja y sus errores, altos. Esto tiene una implicación importante en el aspecto educativo, ya que el rendimiento académico, la atención o el autocontrol están influidas negativamente por este estilo cognitivo. Además, se ha encontrado relación entre la impulsividad y otros problemas como son el uso de alcohol o el abuso de internet, comorbilidades que suelen darse muy frecuentemente en niños con TDAH.

Dada la importancia de potenciar un estilo reflexivo en los niños, se han creado algunos programas para conseguirlo. El primero y más conocido es el PIAAR (Gargallo, 1993), un programa educativo que entrena a los niños en habilidades para mejorar tanto la reflexividad como la capacidad atencional. Este programa utiliza 4 técnicas a lo largo de las sesiones de las que consta (21 sesiones el PIAAR-1, y 30 el PIAAR-2):

1. Demora forzada

Se obliga a los niños a que transcurra un tiempo mínimo para responder. Es decir, si le presentamos una ficha de atención, debe indicarse que no se podrá finalizar antes de un tiempo establecido. La utilización de pistas visuales como un reloj o una alarma son de gran ayuda en este caso.

2. Scanning

El niño debe aplicar esta técnica en el momento de demora de respuesta, ya que el objetivo no es solo que tarde más, sino que utilice estrategias para contestar correctamente. El scanning, por tanto, es una secuencia de pasos que el niño debe ejecutar. En el ejemplo de una tarea de detectar, de entre un grupo de estímulos, aquel que es igual a un modelo dado, los pasos podrían ser:

  • Mirar el modelo y todas sus variantes
  • Fragmentar las variantes en partes
  • Seleccionar una parte y compararlo con respecto al modelo
  • Determinar en el modelo la forma correcta
  • Eliminar las alternativas que difieren del modelo
  • Continuar eliminando variantes hasta que solo quede uno

3. Habla interna

El uso del habla como regulador de la conducta y fuente de autocontrol es una de las principales herramientas que se utilizan para reducir la impulsividad. Las autoinstrucciones no son más que verbalizaciones que el niño se hace y que le ayudan a saber qué tiene que hacer en cada momento. El adulto debe servir de modelo al niño de cómo aplicar este lenguaje para conseguir realizar la tarea correctamente, y poco a poco el habla debe ir pasando de ser externa (en voz alta) a interna (mental). Lo que el niño deberá recitar en su cabeza serán los pasos a seguir para la resolución de problemas.

4. Resolución de problemas

Establecer una serie de pasos para resolver cualquier tarea genera en el niño un sentimiento de autoconfianza mayor, además de demorar la respuesta al tener que ir cumpliendo secuencialmente cada paso. Existen numerosas técnicas de resolución de problemas (el programa PIAAR tiene su propio sistema, que puedes descargar aquí), pero casi todas plantean las mismas preguntas que el niño debe ir contestando antes de resolver la tarea:

  • ¿Qué tengo que hacer? (Saber lo que se me pide)
  • ¿Cómo lo voy a hacer? (Diseñar un plan)
  • Autorrefuerzo (Automotivarme con frases como “Lo voy a hacer genial”, “ya puedo hacerlo”)
  • Autoevaluación (Guiar mi conducta y regularla diciéndome cosas como “Lo estoy haciendo bien”, “debo seguir concentrado para no equivocarme”)
  • Repaso (Volver a hacer la tarea mentalmente)

Sin títuloDe manera transversal, la persona encargada de aplicar el programa debe utilizar dos herramientas muy importantes. Por un lado, mediante el modelado debe mostrarle al niño la manera adecuada de realizar las tareas; esto es especialmente importante a la hora de enseñar las autoinstrucciones, donde será el adulto el que muestre qué mensajes hay que decirse y cómo pasar del lenguaje externo al interno. Por otro lado, al niño se le debe premiar todas aquellas ocasiones en las que el niño aplica las técnicas mencionadas anteriormente, sea cual sea el resultado de la tarea. El refuerzo puede ser o bien social (una palabra de ánimo, una alabanza, un abrazo,…) o bien material (un regalo, una chuchería,…). Los sistemas de economía de fichas suelen ser muy útiles en estos casos.

Conclusión

La impulsividad es un estilo cognitivo muy prevalente en los niños, y tiene un impacto muy negativo en muchas facetas de sus vidas. La eficacia del programa PIAAR está ampliamente demostrada, pero siempre bajo unas condiciones experimentales bastante rigurosas. Sin embargo, la aplicación de las técnicas que plantea de un modo mucho menos sistemático también puede ayudar a los niños a reducir su impulsividad tanto cognitiva como conductual. Aquí os dejo para descargar los manuales del PIAAR-1, PIAAR-2 y también el cuaderno de fichas 1 y 2.

Bibliografía

Gargallo, B. (1993). PIAAR. Programa De Intervención educativa para Aumentar la Atención y la Reflexividad. Madrid, TEA.

4 técnicas para reducir la impulsividad en niños (con o sin TDAH)